Texto para compartir inquietudes

12 Abr

Mi respuesta a Hay reproches que producen placer, crítica de Anaeli Ibarra sobre el documental Universo Miniatura, Las Caobas del realizador Ernesto Pérez Zambrano

Por Danae C. Diéguez

Anaeli, me dirijo a ti pues acabo de leer tu texto: Hay reproches que producen placer, sobre el documental Universo Miniatura, las caobas; del realizador Ernesto Pérez Zambrano.  No estaba en Cuba en los días de la Muestra, pero conozco ese documental casi desde su gestación, por eso, aunque pensé mucho si escribirte o no, decidí que era preferible darte mis opiniones.

Lo primero que me llama la atención es la relación que haces con el síndrome de la sospecha y el escepticismo: creo que la posibilidad de sospechar es una actitud de activismo intelectual, de mover el pensamiento para cuestionarnos un estado de cosas, por ello para el feminismo la sospecha ha sido el estar alertas sobre un orden de cosas, digamos las estructuras patriarcales y hegemónicas de poder que encorsetan en binarismos sobre los que la cultura occidental ha acomodado y naturalizado su discurso. Tu texto pareciera andar ese camino: caes en la trampa del binarismo, si el documental no asume ciertas estrategias narrativas y discursivas es esto y no aquello. Seguir leyendo

Género y nación: Narrativas desde la cultura

12 Abr

La cultura cubana en las últimas décadas ha intentado problematizar
conceptos tradicionales desde los cuales se ha conformado el cuerpo de
la nación. Diferentes manifestaciones comienzan a erosionar el rostro
hegemónico masculino de los relatos que componen la identidad
nacional, a partir de la aparición de diversidades de género,
orientación e identidad sexual.

Este será el punto de partida para el panel “Género y nación:
narrativas desde la cultura”, que tendrá lugar este sábado 14 de abril
a las 10 de la mañana en el Salón Mayo del Pabellón Cuba, sede
nacional de la Asociación Hermanos Saíz. La invitación del espacio
mensual de debate sobre género y cultura Mirar desde la sospecha se
extiende esta vez más allá de su centro habitual en la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) hacia el lugar del pensamiento y
arte joven en Cuba Seguir leyendo

Nuevas tecnologías, voces desde el feminismo en Cuba.

9 Abr

El espacio de debate Mirar desde la sospecha, propone dialogar sobre el tratamiento de las problemáticas de género y el feminismo en la web 2.0 a partir de las experiencias de investigadoras y comunicadoras que en Cuba desarrollan un trabajo sistemático sobre estos temas.  

La periodista Dixie Edith, las feministas y blogueras Yasmin Portales y Sandra Álvarez junto a la investigadora Milena Recio serán las invitadas principales del panel del próximo jueves 12 de abril, que sesionará en su horario habitual de las 3:30 pm en la Sala Villena de la UNEAC.

A partir de formaciones y puntos de vistas diversos las invitadas al panel dialogarán sobre cómo se ubica hoy el tema género y feminismo en el espacio virtual cubano; algunos de los cambios que se han generado en el discurso comunicativo y la pertinencia de aunar fuerza a favor de una comunicación no  sexista y el reconocimiento de alternativas al patriarcado.

La teoría de género y el activismo feminista han encontrado terreno fértil en la web. Sitios institucionales, bitácoras y redes sociales constituyen hoy espacios fundamentales sin los cuales resultaría muy difícil concebir el desarrollo de estos estudios y la lucha por la equidad entre mujeres y hombres.

Mirar desde la sospecha está auspiciado por la UNEAC y el Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR), además cuenta con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la Consejería Cultural de la Embajada de España y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).

Buscando otro modo de ser

29 Mar

Comentario a propósito de dos artículos publicados en la revista El Caimán Barbudo

Por: Helen Hernández Hormilla

Hace varios días leí el artículo “Género a debate y un hombre que mira” del realizador audiovisual José Martí Díaz y, si bien no concuerdo con el punto de vista desde el que se analiza el complejo y espinoso asunto de las inequidades de género, su aparición resulta provechosa no solo por traer a colación un tema poco usual en las publicaciones cubanas, sino porque visibiliza lo que expertos y expertas contemporáneas han llamado neomachismo y neomisoginia. Me refiero a los discursos que, partiendo de un supuesto apoyo a la igualdad, terminan intentando deslegitimar la lucha por alcanzar derechos elementales de las mujeres como seres humanos pues, al parecer, ya alcanzamos reivindicaciones suficientes y debemos pasar a otros asuntos más apremiantes. Así, se tacha de discurso radical, desmedido y atrincherado aquel que plantea como opción insoslayable la defensa del albedrío a decidir sobre nuestras capacidades individuales, sobre nuestros cuerpos y afectos en un orden social, político, cultural y simbólico verdaderamente justo y equitativo, sin daños a terceros.

El añejo prejuicio antifeminista se reedita a través de la historia y en distintos contextos, como sucede casi siempre con toda ideología que pretende superar una estructura de poder dominante; más cuando, como en el caso que nos ocupa, este sistema de pensamiento se ha naturalizado hasta convertirse en estructura simbólica y subjetiva que adquiere la categoría de prediscurso, de “una superficie políticamente neutral sobre la cual actúa la cultura”, como nos dice Judith Butler, iniciadora de la teoría queer. Por su parte, Pierre Bordieu, en su ensayo La dominación masculina –el cual recomiendo por su poder ilustrativo a quienes se interesan por estos temas-, describe la manera en que el género se instituye como sistema de signos, naturalizado a través del habitus hasta tornarse imperceptible, de ahí lo complejo de revertirlo.

Las leyes del género desde las que se erige nuestra educación y desarrollo social resultan opresivas para cada ser humano puesto que parten de una estructura jerárquica, discriminatoria y dicotómica devenida sistema de dominación, que hoy conocemos como patriarcado. Efectivamente, este “no es un dios benefactor de los seres masculinos”, como ironiza el autor. Hablamos de un sistema abstracto de pensamiento, representaciones, símbolos y leyes que se entroniza como cultura común y es naturalizado, sobre la base de que las diferencias biológicas entre hembras y varones implican una jerarquía de poder. Seguir leyendo

A propósito de “Género a debate y un hombre que mira”: Rasgando velos… desde otro mirar

29 Mar

Por: . 25|3|2012 (http://www.caimanbarbudo.cu/articulos/2012/03/rasgando-velos/)

Ilustración: Fotografía de Cirenaica MoreiraHola Martín: Me alegra mucho que se generen polémicas sobre estos temas en nuestros medios de prensa. Necesitamos debates que nos permitan superar el espacio estrecho de un comentario y trasciendan el contexto limitado de la web. Ojalá El Caimán se anime a dedicar un número de su edición impresa con varios artículos e investigaciones que hoy existen y que reflejan diversos puntos de vista.

Una de las lecciones de vida que aprendí en la carrera de Periodismo fue la responsabilidad que entraña el ejercicio público de la palabra. El ejercicio del criterio nos expone al análisis y la crítica de quien nos lee, y digo nos expone porque creo debe ser un ejercicio de transparencia y honestidad, somos lo que nuestras ideas expresan en un papel, una imagen, un diálogo.

Por eso creo que en el debate público sobre temas de género —ya sea en bitácoras, espacios individuales o en medios estatales y especializados como El Caimán— debe siempre regir un comprometimiento ético con la justicia y la igualdad de derechos, responsabilidades y dignidad entre mujeres y hombres, cualquiera sea su orientación sexual, identidad de género, color de la piel, procedencia geográfica, acceso a los recursos, a la información, etc., y sin desconocer nunca la posición de desventaja social a la que han sido relegados quienes sufrieron y sufren discriminación.

Estas cuestiones poseen un fuerte contenido vivencial y como profesionales de la comunicación resulta imprescindible que nos acerquemos a ellas desde el conocimiento de todo un arsenal teórico, político, social, cultural, que existe en Cuba y en todo el mundo; pues se corre el riesgo de no identificar nuestras propias limitaciones y de confundir a quien nos lee. Seguir leyendo

Género a debate y un hombre que mira

29 Mar

Publicamos este artículo aparecido recientemente en la versión electrónica de la revista cubana El Caimán Barbudo tras el cual se inició un breve intercambio motivado por algunos de los cuestionamientos al femeninismo y el trabajo en temas de género en Cuba que aquí se exponen.

Por:

Tanto las niñas como los niños aprenden desde bien temprano sobre la discriminación femenina. Mi vecina dice frente a sus hijos: “A la mujer le toca todo lo malo” y después de enumerar las múltiples injusticias del patriarcado sigue con lo que ella considera agravantes naturales: “nos toca parir, ningún hombre conoce de ese dolor, nos toca la regla cada mes, tan despreocupados que pueden vivir ellos de su cosita, tenemos que agacharnos para orinar, tan fácil que lo resuelve un hombre…”

A las niñas se les educa en sus roles de género bajo el criterio de que es un mandato que deben cumplir aunque sea injusto, la explicación dada es que desgraciadamente les tocó la peor parte en la repartición de derechos, que ser mujer es una especie de mala suerte que se tuvo al nacer. Unas aceptarán resignadamente el designio y otras batallarán contra él, pero siempre partiendo de que son las víctimas por definición, todo cuanto hagan es por serlo lo menos posible. Se les enseña que deben cuidarse de los hombres porque ellos siempre quieren abusar y mangonear, que deben cuidar de su virginidad porque si se embarazan tendrán que cargar con la barriga mientras ellos se desentienden. Deben prepararse muy bien en lo profesional para poder imponerse a “los hombres que nunca quieren ceder espacio”, deben luchar duro y no quedarse calladas, para que “los hombres entiendan que nosotras también tenemos derechos”. Seguir leyendo

Algunas consideraciones al mirar

10 Mar

Este comentario lo envía Laidi Fernández de Juan, un día después del panel “Mujeres creadoras: El arte de la conciliación”, del Mirar desde la sospecha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

En el bien pensado panel que se efectuó el día 8 de marzo en la UNEAC, acerca de la conciliación entre la vida privada y la labor pública (cultural en este caso) de nosotras las mujeres, quedaron, -por fortuna- algunos aspectos que requieren de mayor tiempo y de un análisis más profundo. Lejos de criticar la forma en que fue tratado el tema, celebro con mayúsculas que tan espinoso y poco abordado asunto se haya ventilado en uno de los programas de Mirar desde la sospecha. Mi gratitud y mi felicitación para las organizadoras, en primera instancia.

Algunas de las participantes opinaron que no logran dicha conciliación (ajuste, orden, jerarquización, como quiera llamársele) y otras, intentaron demostrar cómo organizan el tiempo en aras de alcanzar las metas que ellas mismas se proponen. Confieso mi turbación ante la temática, mi pudor, la falta de elocuencia. Ahora, más reposada e inconforme con lo que logré articular ayer, me dispongo a reflexionar. En primer lugar, me disgusta  el rol de heroína, de mujer super potente, de todoterreno. Me niego a ello, porque sería menoscabar al resto de mis compañeras, las mujeres no artistas. Creo que al contrario de esa individualidad, todas las mujeres cubanas somos de una abnegación admirable. El hecho de que las creadoras seamos dueñas de una determinada aptitud, no nos convierte en mejores.

Una de las panelistas narraba cómo le molesta cuando un hombre se refiere a ella como “ya que eres mujer….”, argumentando que la frase establece diferencias inadmisibles. Yo, sin embargo, opino que precisamente por el inmenso esfuerzo cotidiano que nos vemos obligadas a desplegar las mujeres, merecemos esa consideración. Sí, me parece justo que se nos distinga, que si se está planificando una reunión, o un trabajo particular, o una asamblea, se empiece asi: “ Nosotros los  hombres pensamos que la actividad X sea el día Y, pero como eres mujer, propón tú la fecha” o “Ya que eres mujer, dinos qué te parece tal idea”. Sí, efectivamente, como somos mujeres, como llevamos la carga del plumero, del niño enfermo y del anciano desvariante, pues debemos ser nosotras-tenemos el derecho- a ser consultadas y consideradas.

En otro momento de ayer, alguna dijo “Confieso que no logro la conciliación”. Bueno, si todas somos creadoras, si todas hemos obtenido aunque sea un mínimo reconocimiento por la labor artística que desarrollamos, entonces, de alguna forma –sacrificada, extenuante, desgastante obviamente- significa que SÍ estamos logrando hacerlo todo: Lo que se espera de nosotras, lo que nos exige la familia, y encima, lo que nos gusta o aquello que consideramos útil dentro de nuestra capacidad creadora.

Es una falacia creer y decir que no se logra tal conciliación entre las disímiles vidas que llevamos. Si asi fuera, entonces integráramos el gran rostro de la muchedumbre, y no estaríamos sentadas en la misma mesa de creadoras. Quienes no pueden (no quieren, no les resulta posible, las circunstancias las superan) son desconocidas en el ámbito cultural, y nunca saldrán a la palestra pública.

O sea, se supone que el diálogo y la reflexión se establece con mujeres que de alguna manera (la fórmula no existe: es un acomodo de cada quien) logran sobrevivir como creadoras en medio del pantanoso mundo cotidiano, exigente y amenazador. Zanjada esta confusión, paso a puntos que quedaron en el tintero de nuestras mentes. Una cosa es narrar nuestro sacrificio, y otra bien distinta es olvidar la responsabilidad que la sociedad tiene para con nosotras. El hecho innegable de vivir en un país pobre, con todos las consecuencias que nuestra decisión política implica, -y me refiero también a nuestra opción particular, a la elección que hemos hecho- nos hace soslayar la demanda de un mundo más “potable” para las mujeres en tanto responsables del bienestar familiar. Está clarísimo que las prioridades sociales de un país como Cuba, nublan la posibilidad de instituciones que existen en países desarrollados. Nosotros, por ejemplo, no podemos vislumbrar a corto plazo-ni a mediano ni a largo, me temo-la disponibilidad de casas de descanso para las cuidadoras, por ejemplo. O de casas-refugio para mujeres maltratadas, o incluso algo más sencillo: La distribución de comidas precocinadas, el servicio institucional de agencias con personal adiestrado en cuidados de ancianos, o de niños enfermos. Si Cuba tiene el gravísimo problema de la vivienda y del transporte público sin resolver luego de más de cinco décadas de intentos, ¿cómo soñar con estas otras comodidades que beneficiarían en primer lugar a la mujer trabajadora? Se encuentra tan lejos de nuestra posibilidad la estrategia concreta y oficial de facilitar la vida de la mujer, que se esconde incluso de nuestro anhelo.

Sí, en el panel de la UNEAC nos faltaron muchas cosas por decir, y es bueno que asi sea. Nos permite la posibilidad, al menos, de estar conscientes de cuánto camino falta por recorrer. Sería saludable, además, que estuvieran presentes en los debates los (las) representantes de organizaciones que en un futuro (soñemos, por favor) pudieran acometer la tarea de reclamar y de llevar a cabo un programa facilitador para la vida de la mujer. Ya que nuestros roles demorarán siglos en cambiarse, y es obvio que vamos a seguir siendo el horcón donde se apoya la familia, pues deben destinarse recursos para la existencia de refugios. Lugares donde puedan recuperarse las mujeres golpeadas, donde descansemos del diario bregar, sitios adonde podamos enviar a nuestros abuelos demandantes de ayuda continua, revitalicemos los círculos infantiles con sus horarios antiguos, establezcamos unidades de ayuda inmediata contra actos violentos, brindemos alimentos de fácil y rápida confección. Empezar por conocer cómo es el mundo mejor al que aspiramos, ampliará el abanico de nuestros sueños, para que estos dejen de ser simples quimeras de oro, y se acerquen más a la tierra cicatrizada de donde provenimos todas.

Laidi Fernández de Juan,

9 de marzo, 2012.