Mirar desde la sospecha: Los géneros del audiovisual

10 Jun

Por: Dainerys Machado Vento

¿Filman diferente las mujeres? ¿Es la desdramatización un recurso típico de la filmografía femenina? ¿Dónde están las realizadoras en el alfabeto de la historia del cine cubano? Los debates mensuales sobre género y cultura en la UNEAC siguen mirando desde la sospecha a los procesos artísticos.

El cine cubano hecho por mujeres ha sido sometido a la invisibilización. Y aunque no es en absoluto el único proceso artístico contado por los medios de comunicación y por la Historia desde una perspectiva machista y hegemónica, sí puede permanecer aún entre los más sesgados por una mirada tan limitada y excluyente.

Las féminas realizadoras —de cine y televisión— han sido confinadas en su mayoría a un nivel enunciativo homogenizante, en el cual se desconocen las particularidades de sus identidades, estéticas, y subjetividades. El reconocimiento a sus obras muchas veces no trasciende el nivel enunciativo.

En el más reciente de los debates sobre género, que se celebran los segundos jueves de cada mes en la sala Villena de la UNEAC bajo el nombre de Mirar desde la sospecha, la investigadora Danae C. Diéguez contó cómo “lo primero que me cuestionaron cuando empecé a investigar el cine hecho por mujeres en Cuba fue que existiera”.

Obsesionada, según sus propias palabras, con la mirada que aporta, asume y lega el séptimo arte a través de sus obras, comentó sus preocupaciones sobre la transexualización de las espectadoras que disfrutan en los materiales audiovisuales disponibles, de los mismos estereotipos machistas tantas veces criticados, continuamente reproducidos y probadamente dañinos.

Praxis y teoría sobre la construcción de las identidades de género a través de los audiovisuales dialogaron armónicamente en el panel titulado ¿Filman diferente las mujeres?, moderado por la periodista e investigadora Helen Hernández Hormilla e integrado además por el crítico y profesor del Instituto Superior de Arte, Mario Masvidal, y por las realizadoras Elena Palacios y Patricia Ramos.

Clichés y experimentación

Al comienzo de su intervención Mario Masvidal recurrió a un enfoque fundamental sobre las teorías literarias latinoamericanas planteadas en la década de 1970 por Roberto Fernández Retamar, al decir que “toda teoría literaria no es más que una teoría de la literatura”. Para asegurar luego que “el tema de la voz y la identidad no solo afecta a las mujeres”.

Sin embargo, la eterna mirada a las féminas como realizadoras experimentales fue planteada por varios de los presentes como una forma sesgada de abordar teóricamente esas obras. Masvidal criticó que la desdramatización, como recurso narrativo, sea endilgada a la mayoría de las realizadoras del continente; mientras Patricia Ramos defendió la tesis de que “si bien muchas mujeres han sido experimentales, hay muchos hombres que también han hecho un cine experimental”.

En formas tan subjetivas de analizar el audiovisual —no solo el hecho por mujeres— se descubre la evidente parcialización que identifica a los códigos de comunicación y símbolos masculinos como los “normales”. Una interpretación tan arraigada en la sociedad moderna que incluye no solo a los contratos de recepción de los públicos mayoritarios, también a las subjetividades de los espectadores, y peor aún de los y las creadoras.

Según Patricia Ramos, su experiencia le ha demostrado que lo que favorece tal perspectiva es que las mujeres no dejan de ser minorías en esos medios artísticos a nivel mundial, y que “mientras lo sean no tendrán fuerza suficiente para generar un cambio” en los discursos hegemónicos, lo mismo a nivel consciente que inconsciente.

Por eso Elena Palacios, guionista y realizadora de varios dramatizados de la televisión cubana, defendió a los procesos creativos a los que se enfrenta como tribunas de sus inconformidades e insatisfacciones. En el Mirar desde la sospecha de este jueves 9 de junio contó cómo alguna vez se ha cuestionado su tendencia a crear equipos de trabajo conformados en su mayoría por mujeres: “al principio pensé que era una tontería, pero después me di cuenta de que solo nosotras podemos apoyarnos y abrirnos espacios en un medio aún reacio a nuestra presencia”.

Pero para la también realizadora Magda González Grau, presente en el público, preguntarse si filman diferentes las mujeres puede ser un principio de exclusión, porque “no me pregunto si soy mujer u hombre cuando elijo un guión, o hago un casting, como tampoco me pregunto si soy marxista o nací en La Habana Vieja”.

Elena Palacios identificó sin embargo la presencia, con más fuerza en los últimos tiempos, de una estética feminista en la televisión, marcada quizás en mayor medida por las preocupaciones temáticas que por las formas de aproximación. Una teoría apoyada a medias por Danae C. Diéguez al asegurar que, como jurado de festivales de cine, ha descubierto que el futuro de la cinematografía en el país deberá estar muy influenciado por los discursos de las féminas, hoy entre los más transgresores y coherentes de la filmografía nacional. De cumplirse tan esperanzador pronóstico puede que se corrija la historia del cine contada desde una perspectiva masculina y que a nivel de testimonio ha excluido a las mujeres de muchos espacios donde han estado presentes y activas.

La importancia de tal reversión es, según la propia Danae, que “solo después que se reivindique a las mujeres en esos espacios se podrán estudiar los recursos que emplean, los temas, si hay una sensibilidad diferente en ellos, y luego sistematizarlos”.

La inminente reescritura del canon no se quedó solo a nivel de la realización audiovisual. El público presente se preocupó además por el papel de la crítica en esos procesos, y la necesidad de un empoderamiento de las mujeres a nivel discursivo. Aunque la próxima vez será necesario velar, desde el lado más numeroso del panel, por un discurso más coherente con el tema propuesto por las coordinadoras del espacio, que en definitiva cada mes ofrece una oportunidad diferente para dialogar sobre el género y la cultura.

Al interior de la Isla

“También desde arriba, desde los espacios de la cultura, hay que revisar y remodelar estas relaciones (con el género), sobre todo en un discurso en manos de los jóvenes”, exhortó Masvidal en una de sus intervenciones.

Mas en tal proceso uno de los primeros pasos deberá ser el rescate de la memoria histórica, que ha colocado en la tradición más conocida del cine cubano solo un par de nombres de mujeres.

El discurso complaciente que, según Masvidal, marcó a la filmografía del país durante la década de los años 80, del siglo pasado, puede haberse recuperado; pero solo a medias en una producción que sigue siendo escasa por regla general. Sobre todo porque aún cuando en la televisión el número de oportunidades es mayor, resulta igualmente limitado.

Si para colmo el acercamiento a esos espacios se produce desde el desconocimiento de teorías tan incluyentes como las del género, cada intento por legitimar la representación social en el arte puede ser solo eso, un intento. Lo cierto es, tal como se lamentara Helen Hernández, que “todas las mujeres que están empoderadas en determinados espacios no necesariamente poseen un pensamiento de género”, de ahí la importancia de incluir la perspectiva entre las materias de las academias del presente, cada vez más interdisciplinares.

Tomado de http://www.uneac.org.cu

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