¿Filman diferente las mujeres?

23 Jun

Por: Magda González Grau

Fotos: Antonio Pons

Mucho se ha insistido en esta pregunta y en dar respuestas que buscan una jerarquización del audiovisual realizado por mujeres, en un medio, que desde su aparición hace más de cien años, en el caso del cine y más de setenta, en el caso de la televisión, ha tenido un sello fundamentalmente masculino.

Creo que por ese camino podrían hacerse preguntas similares para cada caso donde los intereses de grupo dejen una impronta en la manera de expresarse. Por ejemplo: ¿filman diferente los jóvenes? ¿Y los homosexuales? ¿Y dentro de los homosexuales no habría que hacer una distinción entre los hombres y las mujeres?

Pero, además, ¿diferente a qué, a quiénes? ¿Tomar como patrón el audiovisual hecho por hombres para catalogar de diferente el de las mujeres, no es también una manera de subordinación tan discriminatoria como todas las que rechazamos en este espacio de debate?

Por eso yo respondería que las mujeres filmamos como lo que somos: mujeres. Igual que el estilo de los viejos responde a una experiencia de vida y el de los jóvenes debe caracterizarse por el ímpetu vital. Fíjense que digo debe y no tiene, porque hay jóvenes con pensamiento viejo y viejos que suman a su madurez un afán de renovación constante.

Inclusive, tampoco podría hablarse de una homogeneidad dentro del audiovisual femenino, a pesar de existir algunos puntos comunes como, por ejemplo, la selección de los temas, que es quizás el acto más volitivo de la creación audiovisual.

Claro, ¿quién va a expresar mejor, por conocerlos, los temas femeninos? Aunque tampoco es un patrón inviolable, pues Miguel de Carrión, que en su condición de ginecólogo podía aventurarse en las intimidades femeninas, reflejó los conflictos de las mujeres como nunca antes se había hecho en la literatura cubana.

Pero, hasta los mismos temas, han sido tratados de manera diferente en dependencia de los intereses artísticos y estéticos de cada creadora. Y eso ha garantizado una diversidad dentro del llamado audiovisual femenino, que bienvenida sea por los tiempos de los tiempos.

Se dice que las mujeres somos más sensibles y eso podría determinar el enfoque para acercarse a un tema. Les garantizo que hay hombres tan sensibles como nosotras y mujeres que se emocionan sólo un poquito más que una estaca o una piedra.

Quizás tenemos que ser más rigurosas en nuestro trabajo porque en el canon social y profesional del medio, se nos perdona menos un error o una falla.

Con relación a esto, yo escribía hace unos años para un encuentro semejante a este:

Yo no me pregunto si soy mujer u hombre cuando selecciono un guión, cuando hago casting, cuando ensayo, filmo, edito. Como tampoco me cuestiono si soy marxista o si nací en la Habana Vieja, si soy graduada de Filología o si soy sensible.

Yo, como cualquier otro creador, soy una suma de experiencias, de momentos, de tradiciones familiares, de libros leídos, de obras teatrales disfrutadas, de películas vistas y de otras tantas cosas más. Y como todo eso no es vestuario, ni maquillaje, que puede quitarse en un segundo, como todo eso forma parte de la esencia humana que uno es, te acompaña siempre, adonde quiera que vayas y hagas lo que hagas.

 Es cierto que la mujer artista que decida hacer su obra en la Cuba contemporánea, tiene que tener presente, que las leyes, las políticas y la filosofía que la Revolución ha generado, nos protegen y nos estimulan, pero no es suficiente.

Si revisamos estadísticas, son pocas las mujeres fotógrafas y sonidistas. Por otro lado, la capacidad organizativa, el espíritu aglutinador, la cualidad de generar confort, inherentes a la esencia femenina, hace que las mujeres abunden como productoras.

En cuanto a la dirección, no son muchas las mujeres que han encontrado espacio en el cine. Quizás en la televisión han navegado con más suerte.

Sin embargo, estoy segura de que todas tendrían mil anécdotas que contarnos sobre cómo tuvieron que imponerse a un equipo técnico y de realización que las sometió a examen riguroso desde el principio.

El primer trabajo de un director puede quedar regular, el de una directora tiene que quedar bien o se marcará como mediocre para el resto de su carrera.

Si un director se altera y grita exigiendo orden y disciplina, es que tiene carácter. Si una directora hace lo mismo, le cuelgan el cartelito de histérica y si por casualidad, está en una edad como la mía, péguenle el cuño, nadie le quita el de menopáusica.

La mayoría de nosotras tiene que alternar su trabajo intelectual con el doméstico. Pensar en un posible casting mientras pelas papas, imaginar un encuadre mientras metes ropa en la lavadora, (si tienes lavadora), esperar a que todos duerman para estudiar las escenas de mañana, es la cotidianidad de las mujeres del audiovisual.

Así y todo, seguimos adelante, y me atrevería a decir que el futuro es promisorio para el género femenino. Tengo alumnas en la Facultad de los Medios que serán excelentes especialistas.

Por lo pronto, estamos aquí, inconformes, luchadoras, polémicas, hablando de cómo nuestro trabajo, puede contribuir a que el mundo donde viven nuestros hijos y nuestros nietos sea mejor, y eso ya es algo. Muchas gracias.

Texto leído por Magda González Grau el 9 de junio de 2011 en el espacio de debate mensual en la UNEAC, Mirar desde la sospecha.

 

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