LOS VALORES DE LA SOSPECHA

7 Sep

Por: Dainerys Machado Vento

El espacio de debate Mirar desde la sospecha hizo su primera invitación a la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el pasado febrero. Desde entonces cada mes se ha establecido bajo sus señas “un diálogo de alto nivel sobre los procesos de representación de género en la cultura y el arte cubanos contemporáneo”, tal como prometieron sus coordinadoras Danae C. Diéguez, Helen Hernández Hormilla y Lirians Gordillo Piña.

Con un público numeroso, y en gran medida asiduo, el encuentro se celebra los segundos jueves de cada mes. A su favor se inscribe haber conservado una estructura comunicativa atrayente, así como la diversidad de criterios expuestos en cada oportunidad por especialistas y creadores.Su receso, anunciado para este mes de agosto, parece buen momento para enfocar las luces que ha proyectado el espacio en el camino de la representación artística del género y la sexualidad en Cuba.

El ambicioso ciclo de debates se inauguró con una conferencia de la prestigiosa académica española María Ángeles Sallé Alonso, licenciada en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid e investigadora en diversos programas a favor de la inclusión de género en países de Europa y América Latina.

La investigadora ilustró cómo los más importantes medios de comunicación europeos representan el éxito en el mundo de los negocios y la economía con la imagen del hombre blanco, competitivo, joven y de clase media o alta, como reproducción de un concepto de universalidad excluyente, típica del mundo moderno.

“Me invitaron a ‘Mirar desde la sospecha’, pero lo asumo como mirar desde la crítica”, dijo la especialista al comenzar su intervención y profetizó el espíritu que caracteriza al espacio desde aquella edición.

En marzo las reflexiones giraron en torno a las representaciones de género en el video-clip cubano actual. El panel, moderado por la periodista e investigadora Helen Hernández Hormilla, estuvo integrado por la también comunicadora Lirians Gordillo, el crítico de cine Gustavo Arcos y la directora de la Editorial de la Mujer, Isabel Moya.

Las múltiples condicionantes y causas que parten de la subjetividad de realizadores y realizadoras, y de las representaciones de los consensos de recepción, fueron algunos de los motivos identificados ante el uso reiterado de estereotipos sexistas en esa manifestación.

Tema extendido fue el papel de las producciones audiovisuales, y específicamente de la televisión, en la representación de hombres y mujeres como seres sociales con igualdad de derechos, y en la construcción de mensajes a favor del respeto a un erotismo heterogéneo.

Mayo trajo al debate La Diversidad sexual en la TV, ¿hasta dónde el cambio?; en junio se discutió bajo la interrogante de ¿Filman diferente las mujeres?, y en julio sobre Sexualidad y género en la programación infanto-juvenil de la televisión.

Las realizadoras Magda González Grau, Elena Palacios, Patricia Ramos y Mariela López; los críticos de arte Mario Masvidal y Norge Espinosa; la académica Danae C. Diéguez, la asesora de televisión Elsa Carrasco y la psicóloga Carolina Díaz conformaron indistintamente los paneles.

Es imposible comentar en estas líneas todo lo referido a la responsabilidad de los medios audiovisuales en la promulgación de una mirada de género, según los debates suscitados hasta ahora en Mirar…, principalmente porque en el espacio confluye una diversidad de opiniones y conocimientos, traducida en muchos casos en contradicciones. Pero vale la pena retratar los consensos.
Entre las carencias de la televisión se identifica una falta de sistematicidad en las investigaciones que permita construir, con una psicología creíble, personajes fuera de la heteronormatividad. Lo más desesperanzador es que el didactismo se extiende a la mayor parte de las producciones nacionales. Aunque su mella es evidente sobre todo en los materiales destinados a los más jóvenes, también es posible identificar un grupo importante de dramatizados que señalan el camino de las buenas prácticas:

La serie Blanco y negro, no, bajo la dirección de Charlie Medina; La Sombrilla Amarilla, de Ivette Vian y con Mariela López como realizadora; la novela cubana de turno y la polémica La cara oculta de la Luna, bajo la batuta de Magda González Grau, se han inscrito entre las más aplaudidas en el espacio.
El insuficiente estudio de recepción de los productos exhibidos y la compartimentación de investigaciones realizadas, favorecen el anquilosamiento. Sin una mirada científica a tales acercamientos, los prejuicios más reconocidos de una sociedad machista y androcéntrica seguirán marcando a muchas creaciones nacionales interesadas en complacer a un público estandarizado.

La presencia reiterada en Mirar desde la sospecha de directivos de medios de prensa, representantes de organizaciones culturales, intelectuales, periodistas y estudiantes de arte, alimenta las esperanzas de que los criterios allí expuestos no caigan en saco roto.

Una necesidad que se extiende a otras manifestaciones, como quedó demostrado en el debate de abril, bajo el título Épica y Mujeres. En esa oportunidad los historiadores Raquel Vinant y Julio César González Pagés defendieron la posibilidad de reescribir la Historia incluyendo a “esas mujeres, que siempre estuvieron ahí, pero que quedaron en el olvido”.

Sus alertas adquieren mayor significación por cuanto el diálogo puede continuar trunco, si tomamos en consideración que los espacios públicos donde se “narra” el presente son justamente esos medios de comunicación masiva que, como la televisión, aún muestran incoherencias entre el papel destacado de la mujer cubana en la sociedad actual y su representación estereotipada en video-clips, telenovelas e incluso programas infantiles.

DE ANTECEDENTES Y OTROS ESPACIOS
En enero de 2011, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el etnólogo y ensayista Miguel Barnet, convidó en la reunión del Consejo Nacional de la organización a favorecer e incrementar los espacios de debate con sede en la UNEAC.

Muy reciente estaban la muerte del destacado crítico Rufo Caballero y la inminente pérdida de su espacio de agudo e inteligente análisis del audiovisual cubano. Aunque a la par, citas mensuales como Ver para creer, con la mirada puesta también en las complejidades de los audiovisuales, y Lecturas de Viernes, dedicadas al intercambio con escritores, ganaban en madurez y sobre todo tendían puentes hacia temas tan polémicos como el mercado y las artes, la producción literaria en provincia y otros.

Para sumarse a la lista, que por muy extensa siempre será insuficiente, llegó Mirar desde la sospecha. El espacio, insertado en el programa de Género y Cultura de la Oficina de Solidaridad Oscar Arnulfo Romero, tuvo su antecedente en una exitosa jornada que organizaron sus coordinadoras en el mes de noviembre de 2010 para debatir las representaciones de la mujer en las artes cubanas.

Durante su edición de julio, el espacio anunció su regreso el jueves 8 de septiembre.

Tomado de http://www.uneac.org

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