A propósito de “Género a debate y un hombre que mira”: Rasgando velos… desde otro mirar

29 Mar

Por: . 25|3|2012 (http://www.caimanbarbudo.cu/articulos/2012/03/rasgando-velos/)

Ilustración: Fotografía de Cirenaica MoreiraHola Martín: Me alegra mucho que se generen polémicas sobre estos temas en nuestros medios de prensa. Necesitamos debates que nos permitan superar el espacio estrecho de un comentario y trasciendan el contexto limitado de la web. Ojalá El Caimán se anime a dedicar un número de su edición impresa con varios artículos e investigaciones que hoy existen y que reflejan diversos puntos de vista.

Una de las lecciones de vida que aprendí en la carrera de Periodismo fue la responsabilidad que entraña el ejercicio público de la palabra. El ejercicio del criterio nos expone al análisis y la crítica de quien nos lee, y digo nos expone porque creo debe ser un ejercicio de transparencia y honestidad, somos lo que nuestras ideas expresan en un papel, una imagen, un diálogo.

Por eso creo que en el debate público sobre temas de género —ya sea en bitácoras, espacios individuales o en medios estatales y especializados como El Caimán— debe siempre regir un comprometimiento ético con la justicia y la igualdad de derechos, responsabilidades y dignidad entre mujeres y hombres, cualquiera sea su orientación sexual, identidad de género, color de la piel, procedencia geográfica, acceso a los recursos, a la información, etc., y sin desconocer nunca la posición de desventaja social a la que han sido relegados quienes sufrieron y sufren discriminación.

Estas cuestiones poseen un fuerte contenido vivencial y como profesionales de la comunicación resulta imprescindible que nos acerquemos a ellas desde el conocimiento de todo un arsenal teórico, político, social, cultural, que existe en Cuba y en todo el mundo; pues se corre el riesgo de no identificar nuestras propias limitaciones y de confundir a quien nos lee.

Quisiera comentar algunas de tus aseveraciones haciendo uso de unas pocas citas, textos publicados, frases y artículos que pueden consultarse en Internet.

Valorar la búsqueda de justicia por parte de las mujeres como queja desproporcionada, ingenio rebuscado y expresión del resentimiento, ya que desgraciadamente les tocó la peor parte en la repartición de derechos, desconoce la tradición del movimiento feminista que garantizó, para las de mi generación, buena parte de sus derechos sexuales y humanos. Reducir el accionar de las mujeres al lamento invisibiliza lo que se hace hoy por el empoderamiento de las mujeres, no solo en la capital y en proyectos culturales, sino también en espacios rurales, comunitarios, obreros, etc.

Además ¿quién se atreve a desconocer que miles y miles de mujeres pierden hoy la vida no por inconveniencias de su género o el solo hecho de ser mujer, sino porque el significado social que se le da a la feminidad en cientos de países justifica el feminicidio y la violencia contra niñas, adolescentes y mujeres? ¿Cómo no reconocer su condición de víctimas y la necesidad de vindicar sus derechos humanos?

Refiriéndote a la socialización de las niñas afirmas: “Se les enseña que deben cuidarse de los hombres porque ellos siempre quieren abusar y mangonear… Deben prepararse muy bien en lo profesional para poder imponerse a ‘los hombres que nunca quieren ceder espacio’, deben luchar duro y no quedarse calladas, para que ‘los hombres entiendan que nosotras también tenemos derechos’.”

Una de las principales conquistas femeninas en la Revolución Cubana ha sido la autonomía que han ganado las mujeres y su inserción en el espacio público. Solo un estudio que cuente con información estadística actual nos ayudaría a precisar si las verdaderas motivaciones de las mujeres para su superación yacen en el enfrentamiento a los hombres o en aspiraciones personales. Por otra parte, uno de los aportes más significativos de la teoría de género ha sido reconocer al patriarcado como un sistema de dominio que supera los cuerpos y se expresa en creencias, prejuicios, estructuras, sistemas de relaciones, entre otros. Esto lo refleja el siguiente dato que publica la periodista Anneris Ivet Leyva en un artículo que aparece en la versión impresa del periódico Granma del día 9 de marzo. Y cito:

“Resulta significativo que a pesar de constituir el 66 % de la fuerza técnica y profesional de los niveles medio y superior del país, el número de las que ejercen un real poder de decisión sobre recursos humanos, económicos y financieros no rebase el 40%, según datos de cierre del 2011… De acuerdo con otras informaciones de la ONEI publicadas en el informe Mujeres Cubanas, estadísticas y realidades, al cierre del 2008 las graduadas de educación superior en Ciencias Médicas representaban el 81,4 %, y entre el número de médicos ejerciendo también estaban en mayoría, con el 58 %. Sin embargo, pocas veces las vemos al frente de grandes centros de investigación u hospitales.”

La escena que reproduces sobre la distribución de roles y en especial el comportamiento caprichoso del personaje femenino me preocupa, por ser sintomático el uso creciente de estereotipos machistas que con el fin de “ejemplificar” desconocen toda una realidad diversa existente en la Cuba de hoy. Por ejemplo, el libro Mujeres en tránsito, un análisis de estadísticas cubanas publicado por la Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo en Cuba (AECID) y que contó con la participación de la reconocida especialista Teresa Lara —se distribuyó en el último espacio de Mirar desde la sospecha— nos demuestra lo engañosas que pueden ser escenas como la que propones. En el capítulo dedicado a los Divorcios en Cuba aparece lo siguiente:

“En 2007 la cantidad de divorcios concedidos fue de 34 559.
Al analizar el comportamiento de los divorcios de 2003 al 2007, según la duración del matrimonio, resulta significativo lo siguiente:
—Más del 60% de los divorcios ocurren en matrimonios con más de 6 años.
—Los divorcios de matrimonio con más de 15 años tienen la dinámica de crecimiento más alta, presentando una dinámica de crecimiento anual de 8,2% en los últimos cinco años.”

Las mujeres en Cuba poseen la patria potestad de los hijos e hijas, además representan más de la mitad de la fuerza técnico-profesional. ¿Las experiencias de las 34 559 mujeres que, producto del divorcio pueden quedar como jefas de núcleo solteras y posibles trabajadoras, se aplicarían al ejemplo descrito? ¿Dónde queda la posible representación de las realidades de estas mujeres? ¿Dónde la búsqueda de otras maneras de ser y participar en familia, alternativas al modelo hegemónico patriarcal y heteronormativo?

Respecto al ámbito familiar me parece muy importante la llamada de atención que realizas sobre la castración emocional a la que se ven sujetos la inmensa mayoría de los hombres en la sociedad patriarcal. No obstante, no comparto el llamado de alerta sobre un supuesto desbalance en la discusión de estos temas. Quisiera que reflexionáramos sobre lo siguiente. ¿Por qué dadas las condiciones no se rompen estos esquemas y ataduras a los que están sometidos los hombres? Vuelvo a citar el artículo de Granma:

“Una de las innumerables expresiones de los prejuicios latentes es que, hasta septiembre del 2011, a ocho años de firmarse el Decreto-Ley 234 del 2003 de la Maternidad de la Trabajadora, que posibilitó a los hombres acceder a una licencia de paternidad una vez concluida la etapa de lactancia materna exclusiva —y así facilitar que la mujer, quizás con mayores perspectivas de desarrollo profesional o económico, se reincorporara al trabajo—, apenas 96 padres se habían acogido a este. Y una gran parte lo había hecho, además, porque no le quedaba otra opción (muerte o enfermedad de la madre), según publicó este diario el 27 de enero pasado, a partir de datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.”

Ceder poder cuesta, y mucho. Quiero remitirme entonces, a una de las razones por la cual han sido las mujeres quienes protagonizan la lucha contra el patriarcado. Voy a citar a dos estudiosos varones Pierre Bourdieu y Robert W. Connel —este último uno de los clásicos de los estudios de masculinidades que continúa cobrando fuerza en el mundo entero y que en Cuba también tiene importantes expertos como Ramón Rivero y Julio César González Pagés.

Bourdieu y Connel se refieren a la trampa del privilegio masculino. Dice Connel: “Un sistema de género donde los hombres dominan a las mujeres no puede dejar de constituir a los hombres como un grupo interesado en la conservación, y a las mujeres como un grupo interesado en el cambio. Este es un hecho estructural, independiente de si los hombres como individuos, aman u odian a las mujeres, o creen en la igualdad o en el servilismo… Hablar de un dividendo patriarcal es revelar exactamente esta pregunta de interés crucial. Los hombres obtienen un dividendo del patriarcado en términos de honor, prestigio y del derecho a mandar. También ganan un dividendo material… De estos hechos, la guerra de los sexos no es una broma. Las luchas sociales son resultado de grandes inequidades. De esta forma las políticas de masculinidad no se pueden preocupar solo de interrogantes sobre la vida personal y la identidad. Deben preocuparse también de asuntos de justicia social. Una estructura de desigualdad a esta escala, que involucra un despojo masivo de recursos sociales, es difícil de imaginarla sin violencia. El género dominante es, abrumadoramente, el que sostiene y usa los medios de violencia. Los hombres están armados muchísimo más a menudo que las mujeres.” (Robert W. Connel, La organización social de la masculinidad, disponible en www.cholonautas.edu.pe)

Y para continuar reivindicando el papel del conocimiento en estos debates, como profesionales de los medios que somos los dos, quiero terminar con una cita que utiliza Isabel Moya —Doctora en Ciencias de la Comunicación, con una tesis que demuestra la pertinencia de los nexos entre los campos de la Comunicación y el Género— en su libro El sexo de los ángeles publicado en 2010. Isabel nos presenta una idea de Jesús Martín Barbero clave para hacer periodismo y comunicación en la Cuba de hoy, clave para promover una sociedad más justa para todos y todas:

“La problemática del hacer teoría sigue mirándose en América Latina como algo sospechoso. Desde la derecha porque hacer teoría es un lujo reservado a los países ricos y lo nuestro es aplicar y consumir. Desde la izquierda porque los problemas ‘reales’, la brutalidad de la urgencia y las situaciones no dan derecho ni tiempo al quehacer teórico. Y sin embargo la teoría es uno de los espacios claves de la dependencia” (El subrayado es mío).

Y de la independencia.

La Habana, 20 de marzo de 2012. Hoy mi hijo cumple siete meses, merece vivir en un mundo libre de machismo y misoginia. Que no diga que su madre no luchó por ello.

*Lirians Gordillo Piña es periodista de la Editorial de la Mujer y coordinadora, junto a Danae E. Diéguez y Helen Hernández Hormilla, del espacio de debate Mirar desde la sospecha.

 

Comentarios aparecidos en el Caimán Barbudo

  1. José Martín Díaz. 26|3|2012 a las 1:18

    Lirians:
    Mi responsabilidad ante el ejercicio público, mi ética y mi compromiso social, siempre me han sido indispensables, más allá de cualquier debate concreto o profesión específica. Me resulta tan vital que prefiero poner en riesgo una opinión sobre mi persona que faltarle a ese compromiso con mi conciencia. Y no es romanticismo sino plena convicción de que la única verdadera victoria es lo que hicimos por los demás.
    Es precisamente ese compromiso social quien me impulsa al abordaje de estos temas. Yo había dado por hecho que era mejor dejar las exposiciones teóricas a quienes estaban al frente de estas batallas, pero tuve que reconsiderar este criterio y eso te lo debo también a ti. Fue en aquel panel en que participabas como ponente, en un evento de audiovisuales, seguro lo recuerdas. Allí me desayuné del radicalismo que se estaba dando en Cuba. Y no es que yo estuviera ajeno a los debates, incluso recién acababa de participar en el Congreso de Educación Orientación y Terapia Sexual, donde también tú estabas. Pero ni allí, ni en otros eventos o talleres sobre el tema había escuchado afirmaciones tan extremas como la de que Cuba es el país más machista del mundo y que los hombres cubanos nos hemos quedado enquistados en el tiempo porque no sabemos lo que pasa más allá de la frontera. Es sólo uno de los ejemplos.
    Ante el cuestionamiento, ustedes allí hicieron mención del arsenal teórico necesario para expresarse sobre estos temas, intentando devaluar cualquier argumento en contra endilgándole desconocimiento. Bajo ese principio no habría debate posible, sólo restaría sentarnos todos a escuchar, tomar nota y aplaudir.
    Pero ante la afirmación citada, por ejemplo, no hacía falta saber mucho y yo acababa de salir de un Congreso donde los delegados extranjeros manifestaban admiración por los logros alcanzados en Cuba en materia de género y sexualidad, algunos impensables en sus respectivos países.
    Cuando se exagera un dato, lejos de servir para el convencimiento desacredita el discurso, porque sentir un engaño hace dudar de la veracidad del resto.
    Quienes estaban allí participando eran trabajadores de los medios y por ende un público particularmente preciado en estas batallas, por la necesidad de identificarlos y ofrecerles información que luego se revierta en la pantalla. Sucede que yo he insistido bastante con los hacedores de TV, en la necesidad de acercarse al CENESEX y a otras instituciones especializadas, para informarse sobre las temáticas de género, por la influencia que los medios ejercen y la responsabilidad que eso implica. Sucede que la resistencia de los creadores se debe a la creencia de que allí lo que recibirán son arengas en defensa de la mujer, no sólo extremistas sino bien conocidas por ellos y que “ya están cansados de oír”. Yo, sólo por compromiso cívico, casi me he vuelto un promotor, aprovechando la ventaja que me da para la influencia ser colega de profesión, tratando de demostrarles que ese criterio es un prejuicio y que si se acercaran lo comprenderían mejor.
    Pero aquel panel era una reafirmación para el prejuicio, incluso superaba cualquier conjetura. Allí mismo se evidenció la consecuencia porque lo expuesto lejos de convencer terminó provocando irritación y hasta llegó a la ofensa y a un descrédito manifiesto y argumentado con detalles. Y no fui yo quien inició el cuestionamiento, de hecho participé porque fui convocado por otro participante que no entendía mi silencio.
    A lo mejor no tienen idea de las consecuencias posteriores de aquello, no me importa la cantidad de galletas sin manos que me dieron mis colegas, lo que me importa es el perjuicio ocasionado a las batallas por las que luchamos.
    Fue precisamente aquel suceso el primero que me convocó a intentar tomar cartas en el asunto, porque yo mi mismo empecé a recelar de la eficacia de los grupos feministas para convencer de los postulados de equidad y respeto mutuo. Si hablamos de irresponsabilidad, desde mi perspectiva aquello fue irresponsable. Pero creo que ante un criterio así, mi misión es manifestar mis puntos de vista y no estar convocando censura.
    Otra vez vuelves a mencionar lo del arsenal teórico necesario. Pero para mi sorpresa la información que no poseo puede ser en un momento que somos el país más machista del mundo y en otro que no tengo en cuenta la trágica situación de las mujeres de otros países donde se comete feminicidio; ahora como argumento de que estoy favoreciendo tales vejámenes al cuestionar las posturas radicales en Cuba. Creo que en lo único que se parece aquello a esto es en lo exagerado.
    Yo también lucho por la equidad y estoy identificado con las batallas en defensa de los derechos femeninos, yo también busco información, y analizo mucho la pertinencia de lo que intento decir antes de decirlo.
    Es imposible desconocer cuanto le debemos a las batallas femeninas y al feminismo, como iniciador y promotor principal, gestor de los triunfos anteriores que me hacen posible pensar como pienso, pero vestirse de feminismo no puede ser una coraza para la inmunidad, ni se es justo por el hecho de proclamarse feminista. Desde esas filas también se pueden cometer errores considerables.
    Y creo que hoy por hoy hay que atender a lo inclusivo desde todos los puntos de vistas. Que la tarea que sigue es involucrar a los hombres en esta batalla que es por el bien de todos. El día que los hombres se quejen de sus roles igual que ahora lo hacen las mujeres se habrá dado un grandísimo paso para el entendimiento, porque cualquier cambio en los roles de un género tiene su equivalencia en el otro, están totalmente imbricados, no hay nada que se pueda mover aquí sin moverlo allá, las mujeres saben lo que están defendiendo, los hombre no lo tienen para nada claro, sólo oyen repetidamente que son unos afortunados y que para ellos es mejor mantener las cosas como están.
    No creo que la inmovilidad masculina se deba únicamente a que los hombres se saben con el poder y por eso no deseen un cambio, pero si fuera así, es bueno hacer notar las desventajas que derivan de ese mismo poder, que tal vez los hombres hemos entendido mal el cuento y es más lo que perdemos que lo que ganamos con el tan discutido poder. Además de que un poder repartido nos beneficiaría a todos. Seguir viendo a los hombres como culpables y favorecidos y a las mujeres como víctimas y únicas necesitadas de cambios creo que amerita, al menos, ser mirado desde alguna otra perspectiva, no hay nada que genere más prejuicio que volver inmune un punto de vista.
    Ninguno de los datos que expones en tu comentario me eran desconocidos, los datos que demuestran que las mujeres son víctimas son infinitos. El asunto es que ya eso no hay que demostrarlo mucho, si la injusticia persiste no es por falta de esa información, creo, aun cuando no esté de más seguir insistiendo en el punto, hay que ir contemplando otros presupuestos para evidenciar que no se trata de una simple gentileza con la mujer sino de una necesidad social, un paso evolutivo que precisa el género humano. La equidad será un triunfo común con el cual mujeres y hombres serán más felices. No se consigue convencer de esto sólo afirmándolo, hay que meterse manga al codo, convencidos de esos presupuestos y sin miedo a la opinión encontrada, por supuesto que la habrá, se trata de acabar de destapar ese hoyo negro que sigue siendo el hombre de ahora. Aplaudir que los hombres expongan sus razones y quejas, que digan por qué lo hacen, ya sea para tenerlo en cuenta si se trata de una justa razón, ya sea para poder discutirlo. No se puede discutir la pertinencia de una razón sin conocerla.

    Felicidades, Lirians, por los siete meses de tu niño. Seguro, cuando sea adulto habrá unas convenciones de género más equitativa, no me quedan dudas de que el mundo avanza en esa dirección.
    Tengo dos buenos amigos que también andan de bebe ahora, Erick J. Mota Y Evelyn Pérez, cuando aun no había nacido querían que fuese niña ¡¿Pero por qué?! Les pregunté. Pensando en eso de que las mujeres son las víctimas y reservándome el comentario para después que me aclararan el motivo de su predilección. Pero no pude, porque ¿sabes qué me constaron? Que una niña tenía más posibilidades de ser feliz, y que los varones “sufren muchos con todos esos roles de género con lo que tienen que cargar”.
    Eso fue hace meses, resultó ser niño y lo adoran, claro. Seguro le enseñarán, como tú al tuyo, a no tomarse muy a pecho sus roles de género, a buscar la felicidad en lo equitativo ¿interesante, no? Dos visiones aparentemente opuestas que llevan el mismo rumbo.

  2. 2 Paquita. 26|3|2012 a las 10:18

    Lirians
    Aprovecho tu artículo para al fin hacer un mea culpa público. En la década de los noventa cuando existía el grupo Magín, lidereado por la excelente periodista Mirta Rodríguez Calderón, ella me invitó varias veces a participar. Mi respuesta invariable fue que yo no me sentía discriminada. Y aunque promoví por Radio Reloj algunos de sus encuentros no me sentía parte de aquellas mujeres que estudiaban y luchaban por nuestro género. Luego hubo unos encuentros de Mujeres comunicadoras, organizado por Irma Armas de la Editorial Pablo de la Torriente que hicieron me interesara más en el tema. Conocer de cerca y debatir con ella cada documental hizo que Lizette Vila me (con) venciera de que estaba equivocada y que había que luchar por todas las discriminaciones, incluida la femenina y aquella que hace del hombre el ser fuerte y omnipotente que no tiene derecho a nada sensible ni siquiera a llorar.
    Por esa época, dada una de esas actitudes incomprensibles en Cuba, se desintegró Magín y sus integrantes tomaron cada una un camino distinto, siempre defendiendo sus convicciones. El tiempo y los encontronazos lograron que tomara muy en serio adoptar una mirada de género, por lo menos a la hora de escribir mis cuartillas. ¿Y sabes Lirians que cuando utilizo por ejemplo ellos y ellas para identificar a hombres y mujeres generalmente me lo modifican y nosotras seguimos sin existir? ¿Sabes que muchas veces esos arreglos los hacen mujeres?.. Y lo más triste: colegas de tu generación.
    No puedo escribir del tema como Isabelita, Danae y tu, no me he dedicado a estudiar el tema, pero no sabes cuanto me alegro cuando leo sus textos que con claridad y argumentos defienden incluso a aquellas colegas que no entienden aún que el lenguaje puede ser y es generalmente discriminatorio. Un abrazo Paquita

  3. 3 Hombre que lava, limpia y cocina. 26|3|2012 a las 11:42

    Muy justo, y muy documentao lo que plantea esta joven, señora o señorita. En verdad la admiro.
    Pero creo que cita a Martín sacando cosas de lo que dijo sin mirar el tono y contexto. No encuentro ofensivas las palabras del otro joven, señor o señorito, la verdad. Está muy bien que los hombres podamos desahogarnos de vez en cuando.

  4. 4 José Martín Díaz. 26|3|2012 a las 19:37

    Por cierto, sé que en Cuba las mujeres también son víctimas de violencia. Recientemente tuvimos una jornada de enfrentamiento a este flagelo.
    Durante la jornada estuve pensando algo, hasta analicé si debía escribirlo pero terminé desistiendo de la idea, porque no puedo evitar una mirada, que yo creo inclusiva pero muy probablemente no sería entendida.
    Creo que la demostración de que algo es injusto, persigue modificar ese algo. Sin embargo, a veces el empeño en la demostración se vuelve tan apasionado que llega a considerarse más importante que la modificación misma.
    En este caso, demostrar que las mujeres son víctimas del daño se puede volver más importante que conseguir que dicho daño cese.
    No importa cuanto puedan ayudar otros argumentos sino que todos los argumentos apunten a la tesis por demostrar. Una tesis que además no tiene que ser avalada por su eficacia estratégica ni por ser una verdad absoluta sino porque se corresponda con la macrotesis de que femenino es víctima y masculino victimario.
    Y con un tema tan sensible como el de violencia a la mujer, terminaría acusado de instigador de crímenes. Que las altisonancias también son eficientes en los debates.
    Creo que la violencia es uno de los grandes problemas del género masculino y hace falta analizar las razones, no para legitimarlas ni justificarlas sino para entenderlas. Para saber contra qué se lucha. Para darnos cuenta que no es una cuestión a resolver entre la policía y el forzudo sino algo en que estamos todos implicados y a lo que todos contribuimos. De lo contrario ponemos en la mirilla a un abusador, hipotético o no, y de pronto todos hemos quedado del lado de acá. Él allí solito, es un ET que no entendemos por qué lo enseñaron tan mal en su planeta y lo único que hace falta es que se tomen medidas con él. Al final hasta él mismo se quita, porque él no se cree abusador tampoco, es que ha tenido “mala suerte con esa mujer que lo saca de quicio, y cualquier hombre en su lugar haría lo mismo”.
    No voy a intentar abordar en este comentario breve un asunto tan complicado, solo quería acotar que aunque parezca que estoy hablando demasiado (como me dijeron en un correo personal) o que estoy minando un trabajo hecho con mucho esfuerzo (como también me dijeron) siento que estoy siendo más cabal cuando hablo que cuando me callo. Que ojala fuera más valiente en mi tributo a la justa causa de la equidad de género.

  5. 5 Lirians. 26|3|2012 a las 23:53

    Martín, construí mi comentario básicamente siguiendo una exhortación tuya a Sandra, a quien proponías analizara algunos de tus comentarios y no tu persona. Solo que como profesional de la comunicación debía manifestar ciertos presupuestos éticos que para mi implican el uso de la palabra pública.
    Rescaté aquellas frases textuales de tu artículo con las cuales no estoy de acuerdo para comentar y socializar ideas que me parecen fundamentales a la hora de debatir estos temas. Lo cual no presupone que esté en desacuerdo con el debate entre hombres sobre las problemáticas que les atañen-y nos atañen-. Como igual pienso que las problemáticas de las mujeres son de interés común, somos la mitad de la población mundial. Saludo y valoro el apoyo comprometido de todas las personas que busquen construir relaciones más humanas y dignas. Pero el texto es bien claro en las ideas que no comparto.
    Entre las ideas que no comparto y que aparecen en tu más reciente comentario a mi artículo, están tus afirmaciones sobre el feminismo. No estoy de acuerdo que se catalogue el activismo feminista como extremista o exagerado. ¿Cómo lo puede ser el movimiento político y social que ha aportado más a la deconstrucción del patriarcado? Ese fin común que, como bien afirmas, debe ser una búsqueda colectiva. Muchos especialistas en masculinidades, hombres de movimientos sociales diversos se afilian a este pensamiento político, reconociendo su justeza.
    Por otra parte, el feminismo como toda ideología tiene muchas vertientes y yo-junto a otras feministas cubanas- milito en aquella que entiende al patriarcado como sistema de dominio y al feminismo como movimiento, teoría e ideología para su superación, hace mucho dejó de ser una lucha particular contra los hombres. Eso si, este argumento resulta ser uno de los mecanismos de devaluación más común para desacreditar al feminismo. ES HORA DE QUE LO SUPEREMOS.
    Superar el machismo, implica mucho más que cambiar la plancha por el taladro. Como dice Bourdieu hace falta una revolución simbólica para deconstruir toda una madeja de poder, sutil y compleja que pasa por relaciones, concepciones del mundo, instituciones, etc. Y como toda revolución, casi siempre resulta incomprendida, en Cuba sabemos lo que es eso.
    Rescatar el conocimiento, para mí, es una manera de agradecer todo lo que me enseñaron, es un ejercicio de respeto y también una forma de reconocer lo que otras y otros hacen. El feminismo ha demostrado ser una lucha ardua, al menos yo no busco aplausos.
    Lamento mucho que aquel encuentro en el que participamos con investigaciones- la mía sobre los videos clips fue mi tesis de licenciatura, Danae C Diéguez se encuentra haciendo su doctorado en cine y Helen Hernández Hormilla acaba de publicar su libro sobre literatura femenina en los noventa- dejara ese recuerdo amargo, y lo mejor sería contar con algún formato que nos permitiera superar la memoria afectiva, para poder saber quien dijo qué y en qué circunstancia. Pues la memoria suele ser selectiva.
    Comparto contigo la pertinencia de enfrentar criterios divergentes, esa experiencia resulta vital en el desarrollo de nuestras ideas y convicciones; para las feministas cubanas resulta esta una realidad cotidiana pues vivimos en una sociedad machista-pese a todos los avances en materia de participación social-. Por eso, te invito a participar en varios espacios que hoy existen sobre temas de género, para que aportes tu visión del asunto y podamos intercambiar sobre estos temas.
    Por último, quiero agradecer de antemano todos los comentarios, el tuyo, el de Paquita, el del joven que plancha y lava y los que luego se sumen al debate. Espero que el artículo promueva una mirada hacia el machismo, la misoginia y sus manifestaciones más solapadas. En especial invitaría a repensarnos la comunicación que hacemos, romper con los estigmas que rodean al feminismo y a participar en distintos espacios que hoy buscan construir otra cultura más equitativa y justa. Un saludo a todas y todos.
    Lirians

  6. 6 Helen Hernández Hormilla. 27|3|2012 a las 14:18

    Debería comenzar este comentario contando que soy una periodista que, además, limpia, lava, cocina, cuida de sus seres amados cuando lo precisan y realiza junto a su pareja y demás familiares todo tipo de tareas cotidianas elementales para mantener un ciclo de vida saludable en condiciones de convivencia; pero eso, debido a mi género, parece ser irrelevante.

    Hace varios días leí el artículo “Género a debate y un hombre que mira” del realizador audiovisual José Martí Díaz y, si bien no concuerdo con el punto de vista desde el que se analiza el complejo y espinoso asunto de las inequidades de género, su aparición resulta provechosa no solo por traer a colación un tema poco usual en las publicaciones cubanas, sino porque visibiliza lo que expertos y expertas contemporáneas han llamado neomachismo y neomisoginia. Me refiero a los discursos que, partiendo de un supuesto apoyo a la igualdad, terminan intentando deslegitimar la lucha por alcanzar derechos elementales de las mujeres como seres humanos pues, al parecer, ya alcanzamos reivindicaciones suficientes y debemos pasar a otros asuntos más apremiantes. Así, se tacha de discurso radical, desmedido y atrincherado aquel que plantea como opción insoslayable la defensa del albedrío a decidir sobre nuestras capacidades individuales, sobre nuestros cuerpos y afectos en un orden social, político, cultural y simbólico verdaderamente justo y equitativo, sin daños a terceros.

    El añejo prejuicio antifeminista se reedita a través de la historia y en distintos contextos, como sucede casi siempre con toda ideología que pretende superar una estructura de poder dominante; más cuando, como en el caso que nos ocupa, este sistema de pensamiento se ha naturalizado hasta convertirse en estructura simbólica y subjetiva que adquiere la categoría de prediscurso, de “una superficie políticamente neutral sobre la cual actúa la cultura”, como nos dice Judith Butler, iniciadora de la teoría queer. Por su parte, Pierre Bordieu, en su ensayo La dominación masculina –el cual recomiendo por su poder ilustrativo a quienes se interesan por estos temas-, describe la manera en que el género se instituye como sistema de signos, naturalizado a través del habitus hasta tornarse imperceptible, de ahí lo complejo de revertirlo.

    Las leyes del género desde las que se erige nuestra educación y desarrollo social resultan opresivas para cada ser humano puesto que parten de una estructura jerárquica, discriminatoria y dicotómica devenida sistema de dominación, que hoy conocemos como patriarcado. Efectivamente, este “no es un dios benefactor de los seres masculinos”, como ironiza el autor. Hablamos de un sistema abstracto de pensamiento, representaciones, símbolos y leyes que se entroniza como cultura común y es naturalizado, sobre la base de que las diferencias biológicas entre hembras y varones implican una jerarquía de poder.

    “La solución no puede darse entonces por decreto sino por un cambio en la estructura simbólica”, refiere Bordieu, una tarea que tal vez costará siglos y solo podrá lograrse desde convicciones profundas y verdaderos deseos de revertir la hegemonía patriarcal, machista y heteronormativa. Con esto se comprende el por qué no son suficientes leyes estatales o altas estadísticas de superación femenina y empoderamiento en el espacio público, si estas se basan en un sobreesfuerzo de las mujeres y llevan consigo altos costos personales, como demuestran investigaciones citadas ya por Lirians Gordillo en su precisa respuesta al comentario de Martín.

    Además de los textos que trae a colación la periodista, recomendaría consultar el libro “Género y ciencia o ¿la apoteosis del egoísmo?”, de la Doctora Lourdes Fernández Rius, disponible en las librerías capitalinas y publicado por la Editorial de la Mujer este año. En el mismo se afirma que “el patriarcado se impone a través de la coerción o a través del consentimiento. Esto último nos devela la existencia de una igualdad formal entre hombres y mujeres, pues incluso ante la autonomía económica femenina hay patriarcado, toda vez que la relación de género que se realiza de acuerdo con dinámicas e inversiones sicológicas que resultan diferentes al ser mujeres y hombres producto de una socialización también diferente. Es por eso que aun si desaparece la dependencia económica femenina subsiste la subordinación emocional de las mujeres”.

    Cuando se pretende ridiculizar y convertir en queja una lucha por conquistar derechos legítimos para la humanidad toda, y, en especial, para aquella mitad que aún sigue estando desfavorecida, no puede notarse menos que desconocimiento de toda una historia del revolucionario movimiento político, ideológico y epistemológico que ha sido el feminismo. Eso, y un peligroso sustrato machista que reduce el debate a una supuesta actitud acusatoria de los hombres, intención que, hasta donde conozco, no aparece en los textos de autoras como Isabel Moya, Zaida Capote, Luisa Campuzano, Mirta Yáñez, Lourdes Fernández Rius, Norma Vasallo, Magela Romero, Teresa Díaz Canals, Sandra Álvarez, Mirta Rodríguez Calderón, Danae C. Diéguez, Marta Núñez, entre una considerable nómina de estudiosas contemporáneas del género en la Isla, que, contra viento y marea y desde distintos ámbitos de estudio, continúan la tradición centenaria del feminismo cubano. Lo mismo habría que decir de estudiosos varones como Julio César González Pagés, coordinador general de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades, quien junto a un equipo de jóvenes investigadores viene desarrollando los estudios de masculinidades en Cuba, partiendo siempre de una alianza fraterna con las mujeres y el feminismo, pues, finalmente, se trata de una misma batalla.

    Repasando el libro “Macho, varón, masculino”, del propio González Pagés, encontré la siguiente afirmación, en la cual podría resumirse la esencia de esta polémica: “Todo indica que viejos debates abren nuevas perspectivas para discutir sobre los modelos de masculinidad que se han desarrollado históricamente en Cuba. La falta de memoria histórica o memoria rota sobre temas que cuestionan la hegemonía de las corrientes de pensamiento relacionadas con los hombres y su poder, siempre han vinculado al feminismo con una cuestión menor”.

    Me parece positivo que varios hombres se quieran sumar a esta batalla feminista, que se continúe debatiendo sobre los costos de la masculinidad hegemónica, pero para visibilizar este aspecto del orden de género desigual no es necesario establecer comparaciones ni acudir a “ejemplos muy simples”, sobre todo cuando aparecen fuera de contexto. Competir por quién sufre más simplifica el asunto. Ojalá algún día las víctimas no existieran, mas lo cierto es que las mujeres siguen llevando en esta ecuación la peor parte. Las constataciones de una violencia de género global nos asaltan cada día, tanto en aquellas señales de acoso callejero que Martín prefiere llamar “expresiones populares” y obligan a una joven a cruzar de acera, a dejar de vestir con ropa ajustada y cómoda o la exponen a que alguien toque su cuerpo sin su consentimiento (todas vivenciadas por quien escribe); hasta los feminicidios, las violaciones correctivas, la ablación o los matrimonios forzosos con los violadores según lo establece, por ejemplo, la ley de Marruecos. Gracias a esta se quitó la vida esta semana una joven marroquí de 16 años llamada Amina, luego de que se le intentara obligar a casarse con Mustafá, su abusador, a quien ella y su madre denunciaron a la fiscalía. Tomar veneno para ratas fue la única salida que encontró. Su historia aparece en varios medios de prensa occidentales esta semana.

    Particularmente inquietantes resultan afirmaciones como: “La mujer tiene todas las licencias para el lamento y hasta se le educa para ello”, especialmente cuando se trata de una generalización a partir de criterios personales, sin evidente validación especializada. Me preocupa porque aunque se trata de un asunto relativo a la subjetividad, el género es un campo ampliamente certificado por el saber académico y existen investigaciones que, aunque todavía insuficientes pues no llegan a problematizar en toda su dimensión las relaciones de hombres y mujeres en la isla, ofrecen directrices contrarias. Como mismo no es conveniente sistematizar percepciones apresuradas sobre la emigración, las dinámicas familiares, las drogas, la economía, la discriminación racial, la homofobia, entre otros temas en los que difícilmente se comenta en los medios sin la debida especialización, en las cuestiones de género más vale documentarse, pues se corre el riesgo de reproducir estereotipos y prejuicios arraigados. Otra cosa es ofrecer una valoración personal, desde la historia de vida, sobre la experiencia y los costos que atañe ser hombre o mujer, pero debemos cuidar de no esencializar el debate sobre juicios apriorísticos y arbitrarios.

    Hablar de una identidad de género estática es subirse a la cuerda floja, pues se trata de un proceso de construcción social, histórico y cultural, donde también interviene la subjetividad y la experiencia de vida. La antropóloga mexicana Marcela Lagarde, una de las más prestigiosas expertas internacionales sobre el tema, sostiene en su artículo “La Identidad Femenina” que “la identidad de las mujeres es el conjunto de características sociales, corporales y subjetivas que las caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo con la vida vivida. La experiencia particular está determinada por las condiciones de vida que incluyen, además, la perspectiva ideológica a partir de la cual cada mujer tiene conciencia de sí y del mundo, de los límites de su persona y de los límites de su conocimiento, de su sabiduría, y de los confines de su universo. Todos ellos son hechos a partir de los cuales y en los cuales las mujeres existen, devienen. (…) El contenido de la condición de la mujer es el conjunto de circunstancias, cualidades y características esenciales que definen a la mujer como ser social y cultural genérico, como ser-para y de-los-otros. El deseo femenino organizador de la identidad es el deseo por los otros”.

    Por tanto, me interesaría saber desde qué presupuestos se basa el autor del artículo para afirmar que “tanto las niñas como los niños aprenden desde bien temprano sobre la discriminación femenina”. Si es así, ¿por qué han demorado tanto en trasformarla? Como usted mismo sostiene, algunas de ellas se han rebelado contra ese orden desigual y pugnan por trastocarlo.
    Cree también que “a los debates de género les perjudica la ausencia de contraparte”. Y me pregunto, ¿la contraparte está acaso en los estudios de masculinidades? Hasta dónde he leído y escuchado estos complementan los estudios de la mujer, desde los que partieron los estudios de género, relativos a las relaciones entre lo femenino y lo masculino, y más recientemente integradores de toda la diversidad sexual. La contraparte, lo alterno a los estudios de género y al feminismo no es otra cosa que la inequidad, que la hegemonía machista, que el autoritarismo patriarcal, no el estudio consciente de la experiencia masculina con la intención de establecer relaciones de género no opresivas.

    Asimismo, sería provechoso aclarar de quién proviene la idea que el autor ha escuchado de “que la violencia no es algo que se nos impuso sino un defecto de la naturaleza masculina que no hemos sabido superar. Es que la testosterona nos domina y, como somos los todopoderosos, queremos hacer el festín con nuestra afición por ella. El mundo no nos obligó sino que trata de disculparnos”. Hasta donde conozco a partir de quienes estudian esos asuntos en Cuba como Clotilde Proveyer, Mareelén Díaz Tenorio, Yohanka Valdés, entre otras y otros, los estudios sobre género y violencia contradicen que cualquier tipo de comportamiento social parta de un determinado gen, hormona o característica “natural” inherente, algo que Martín aclara más abajo cuando expone: “Lo que entendemos como hombre masculino no es una verdad científica, sino un supuesto, un criterio cultural al que debe obedecer el evaluado”.

    En otro orden, quisiera recordar al autor que las masculinidades no hegemónicas en Cuba no están totalmente silenciadas, como tampoco las feminidades no tradicionales. Mencioné a la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades, por ser el grupo cuyo trabajo en este aspecto se ha sostenido de manera sistemática gracias al esfuerzo del profesor Julio César González Pagés. Él impulsó el Primer Encuentro Universitario sobre Estudios de Género y Masculinidades en la Universidad de La Habana, en 2008, al cual tuve el placer de asistir en mi etapa de estudiante. Un año antes realizó el Primer Simposio de Estudios de Masculinidades, en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, con presencia de mujeres y hombres de todo el país. Las masculinidades fueron tratadas en uno de los coloquios que desde 1994 se realiza anualmente en la Casa de las Américas por el Programa de Estudios de la Mujer. Desde hace varios años el Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero cuenta con el grupo de Hombres por la Equidad, que reúne a varones sensibilizados en la lucha por la no violencia de género; existe el proyecto de Hombres que tienen sexo con hombres del Centro Nacional de Prevención de ITS/VIH/sida y el grupo Hombres por la diversidad del Cenesex, entre otros. Asimismo, resaltan las investigaciones y el trabajo de campo del profesor santaclareño Ramón Rivero; se imparte un módulo de masculinidades en la maestría de Estudios de Género de la Universidad de La Habana y en el Diplomado de Género y Comunicación que imparte la Cátedra Mirta Aguirre, del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Además, se han presentado ponencias y realizado debates sobre el tema en múltiples foros y eventos académicos.

    Esto, por supuesto, no resulta ni siquiera el inicio de un trabajo sistemático por integrar a los hombres a las luchas en pos de un sistema de sexo/género justo y equitativo, pero sí denota que algunos de ellos apuestan por trabajar a favor de este objetivo desde la integración y el respeto. No se trata de argumentos opuestos como sugiere Martín (“Una feminista se queja de que sus planteamientos no son lo suficientemente atendidos. Debía también lamentar la ausencia de argumentos que se le opongan sobre los cuales perfilar sus teorías”), sino de frentes diversos dentro de una misma lucha.

    Me parece justa la petición del autor del artículo de partir de argumentos y no de consideraciones personales, si bien en su respuesta a la periodista Lirians Gordillo no duda en implicarse y en vez de responder las ideas y argumentos planteados por la estudiosa deslegitima su trabajo impugnándole el “radicalismo”.

    Las diferentes vertientes del feminismo, como todo campo epistemológico e ideológico, han llevado también a posturas radicales, con importantes logros en su momento, si bien no es esta la arista que por lo general se comparte desde la Isla, pues otros son los referentes teóricos, históricos y contextuales. Me gustaría además conocer sobre qué bases concretas asegura que existe un radicalismo feminista en Cuba, y cuál es su concepto de radicalismo.

    También formé parte del panel que menciona hace más de dos años, mas no escuché ni dije que este “es el país más machista del mundo y que los hombres cubanos nos hemos quedado enquistados en el tiempo porque no sabemos lo que pasa más allá de la frontera”. Simplemente carece de relevancia “la cantidad” del machismo. El menos machista de los países sigue manteniendo un orden sexista y patriarcal y abogamos por erradicar este pensamiento para que todos y todas tengamos igualdad de oportunidades y derechos, algo que en Cuba, un país de tradición machista -ni más ni menos- no hemos alcanzado.

    La reivindicación del conocimiento en todos los sentidos de la existencia ha sido el motor del progreso humano. Hay quienes recibieron aplausos por ello, pero casi siempre después de sortear numerosos obstáculos impuestos por mentalidades retrógradas, como pasó y continúa sucediendo con los estudios de género. Cuando se responde desde la solidez de argumentos y no desde el juicio empírico e individual, los análisis y polémicas quedan siempre robustecidos. Ese es el saldo que me parece advertir tras leer “Rasgando velos… desde otro mirar”, de Gordillo Piña.

    Por último, me surge otra duda a partir de uno de los planteamientos de Martín: “Los datos que demuestran que las mujeres son víctimas son infinitos. El asunto es que ya eso no hay que demostrarlo mucho, si la injusticia persiste no es por falta de esa información, creo, aun cuando no esté de más seguir insistiendo en el punto, hay que ir contemplando otros presupuestos para evidenciar que no se trata de una simple gentileza con la mujer sino de una necesidad social, un paso evolutivo que precisa el género humano.”

    En efecto, hay que acompañar el decir con el hacer, pero en el caso específico de Cuba no existen hasta el momento estadísticas nacionales de un problema tan complejo como la violencia de género, por solo citar un aspecto a profundizar en la aún insuficiente investigación sobre las relaciones entre hombres y mujeres en Cuba. O sea, no hay cómo saber cuántas mujeres han sido asesinadas por esta causa, cuántas golpeadas, cuántas lo han denunciado y cuáles son las zonas del país en las que más incide este problema. Tampoco hay casas de acogida para ellas y ni siquiera una línea ayuda o comisaría especial a la cual acudir. Aunque en espacios que al autor le resultan amplificados -pero que no gozan de la representación en los medios de comunicación masiva- se habla constantemente de esto, poco ha llegado a los oídos y la sensibilidad de quienes pueden resolverlo. Mientras así sea, las mujeres feministas comprometidas con el destino de todas las otras y los otros discriminados y vejados, no pararemos de denunciar y repetir otra vez el carácter de las injusticias.

    Quedan muchos temas por debatir pues efectivamente existe una marcada resistencia a los discursos y las reivindicaciones feministas. Los espacios de debate y capacitación en temas de género que se impulsan en el país tienen justamente como objetivos motivar el diálogo y la diversidad de criterios sobre estos temas, siempre en un ambiente de respeto, como caracteriza a los eventos, conferencias y paneles a los cuales he asistido y seguiré apoyando.

    “Yo también lucho por la equidad y estoy identificado con las batallas en defensa de los derechos femeninos, yo también busco información, y analizo mucho la pertinencia de lo que intento decir antes de decirlo”, confirma el realizador audiovisual. Enhorabuena. El amor y la solidaridad son valores inherentes al movimiento feminista. De él aprendemos a trabajar en alianzas, sin jerarquías, trincheras o autoritarismos. La unión de todos y todas es indispensable para alcanzar aquella aspiración de la escritora mexicana Rosario Castellanos: “Tiene que haber otro modo/que no se llame Safo/ni Mesalina/ ni María Egipciaca/…/Otro modo de ser humano y libre/otro modo de ser”.

    PD: Suscribo cada una de las palabras de la periodista Lirians Gordillo Piña, a quien agradezco la inspiración para introducirme en este debate.

  7. 7 Danae C Dieguez. 28|3|2012 a las 5:14

    Agradezco al Caiman la oportunidad de este debate. Ahora no estoy en Cuba, precisamente en un Festival de Cine y un Coloquio que intenta debatir sobre las representaciones de Genero en el Cine. No he tenido tiempo para sentarme a escribir, pero si para leer lo que se ha escrito. No tengo mucho mas que agregar y agradezco a mis amigas Helen y Lirians la lucidez para abordar el tema. Mirar desde la sospecha y cada una de las mesas en que hemos participado estan realizadas con el espiritu del debate, la participacion y, sobre todo, basados en la investigacion, el conocimiento y el respeto. Lo que para nosotras esta claro es que partimos de nuestra filiacion feminista, porque no podria ser de otro modo: la busqueda de la justicia, la equidad, el hacer visibles que el patriarcado como estructura social es la base de las desigualdades de genero y otras, la necesidad de fundar maneras de relacionarnos que desmonten estas, verticales y hegemonicas; son verdades que el feminismo hizo visible y que por ello reivindicamos. Creo que solo queda que el Caiman nos invite y hagamos un dossier sobre estos temas en sus paginas, pues queda mucho por decir y hacer todavia para alcanzar la verdadera equidad.
    Danae C Dieguez, profesora de Genero y Cine de la Facultad de Audiovisuales de la Universidad de las Artes y coordinadora junto a Helen Hernandez y lirians Gordillo, del espacio de debate: Mirar desde la sospecha

    Grillo si lees esto antes; pon los acentos; estoy en un teclado frances y no los veo
    Dana

  8. 8 José Martín Díaz. 28|3|2012 a las 9:58

    Lirians: Yo no opino que el feminismo sea radical, sino que existen posturas radicales en el feminismo.
    Helen: Recuerdo muy bien lo que escuché en ese panel, aunque no fueras tú quien lo dijeras, de todos modos debo decir que estos comentarios de ahora son considerablemente diferentes a la imagen que guardo de aquel día. Mi opinión particular no es lo que importa pero me alegra mucho constatar esto.
    Me encantaría estar equivocado acerca de que el feminismo en Cuba se está tornando muy radical, pues considero que sería un grave error.
    Prometo analizar muy profundamente la acusación de neomachista.
    Sigo pensando que las batallas por la equidad de género deben buscar estrategias más dinámica y menos repetitivas, pero yo sólo puedo poner la motivación, porque no es el campo al que me dedico. Antes de publicar, cuando se trata de un tema delicado como este, suelo consultar con personas conocedoras del tema y de hecho lo hice en este caso. Pero para escribir me baso sobre todo en mi sentido común, entre otras cosas porque soy de las a artes, no de la ciencia. Considerar que los artistas deben ser capaces de defender sus verdades en un debate especializado, creo sería un error de concepto, pues son dos métodos diferentes de acercamiento a la verdad, aun cuando se beneficien mutuamente. Considerar que los artistas deben limitarse a decir sus verdades sólo en obras artísticas, equivaldría a convocarlos a la apatía ante sus realidades sociales, y además sería una mordaza inútil, pues desde el arte puede tener más influencia.
    Creo que a un intento de justicia le beneficia atender a lo práctico, una porque lo justo debe ser practicable y otra porque lo práctico hace falta para imponerse, esta vendría siendo mi idea esencial en este debate, así como en el comentario que le dio origen. Si de alguna manera esta sugerencia pudo llegar, al menos para analizarla con un poco de detenimiento, me sentiría muy satisfecho.
    Por supuesto agradezco todos los comentarios, y con independencia a los desacuerdos, para mí han sido un verdadero honor esas extensas y tan enjundiosas argumentaciones y contar con nombres como los de Lirians, Helen, Paquita y Sandra. Estoy de acuerdo con que los debates de género debían ser más frecuente en los medios. Para abogado del diablo ya saben que tengo mi vocación. ¡Y la cantidad de cosas que se me han quedado! Como para un debate semanal. Un programa habitual donde yo ponga la queja y ustedes la evaluación. El público, sobre todo el masculino, va a quedar muy asombrados de un programa donde los hombres son los que se quejan de sus roles de género. Cambiar la perspectiva es muy eficiente para llamar la atención y también para provocar influencia. A lo mejor algún que otro hombre silente se anima en su casa a ser más comunicativo, hablar descongestiona y dulcifica, y hasta aclara mejor la mente. Y me encantaría ver a los hombres hablando de género, en su casa, con el vecino o en un parque. No dudo que alguno se entere entonces que él también tiene género, porque pensaba que eso nada más lo tenían las mujeres. Por cierto, creo que no está mal la idea de un programa así, para un paquete de verano, digamos. Lo decía medio en broma pero de pronto terminé en serio. No para hacerlo yo que no podría ahora, pero creo que pudiera salir de esta idea algún proyecto interesante. Lo dejo disponible para cualquiera que lea, y si quieren me escriben y les doy más razones y posibilidades y me brindo para dar ideas.
    Por si las moscas: No es que esté intentando que hasta los programas de género sean de los hombres, ni tampoco es que mi instinto de macho dominador se ve afectado con los programas para las mujeres y los quiera masculinizar. La televisión ya tiene incorporada la hegemonía masculina de hecho. Esto sería simplemente un foro que utiliza esa realidad a su favor para focalizar la audiencia hacia la cuestión básica.
    Gracias también al hombre que limpia y cocina y a yosjan. Para mí son muy precisadas sus intervenciones, desde su visión masculina no especializada pero muy vivencial.

  9. 9 Abel Mesa D’Aure. 28|3|2012 a las 19:57

    Al Caimán Barbudo:

    En el artículo publicado en sus páginas, específicamente en esta versión digital, titulado “Rasgando velos desde otro mirar”, la autora del mismo, Lirian Gordillo Piña, reconoce que, y cito: “Una de las lecciones de vida que aprendí en la carrera de Periodismo fue la responsabilidad que entraña el ejercicio público de la palabra”.
    Más adelante, en otro momento de su trabajo plantea: “Las mujeres en Cuba poseen la patria potestad de los hijos e hijas…”
    Al respecto me gustaría aportar algunas consideraciones de índole estrictamente jurídica, a partir de mi experiencia de más de quince años de ejercicio de la abogacía como miembro de la Organización Nacional de Bufetes Colectivos en esta Ciudad de La Habana.
    El planteamiento de Gordillo Piña de que “las mujeres en Cuba poseen la patria potestad de los hijos e hijas” puede prestarse a confusiones por parte de un lector profano. Lo que ella dice es absolutamente cierto, pero merece que se diga que las mujeres tienen la patria potestad sobre sus hijos e hijas en la mayoría de las naciones del mundo, al menos del mundo occidental, no puedo asegurarlo en el caso de mundo islámico, cuya tradición legislativa desconozco.
    En Cuba, como en el resto de Iberoamérica y también en las naciones cuyo derecho descansa en el Common Law británico (los Estados Unidos y Canadá, entre otros)la patria potestad sobre los hijos no corresponde solo a las mujeres sino también a los hombres. Es decir, a ambos padres.
    En el caso concreto de Cuba ocurre que ambos padres (el padre y la madre) poseen la patria potestad sobre sus hijos e hijas y solo atañe a un tribunal de justicia, mediante el procedimiento correspondiente, suspender en su ejercicio a uno de ambos.
    Al respecto, el Código de Familia (Ley No. 1289) lo regula del siguiente modo:
    Título II. Capítulo II (De las Relaciones entre padres e hijos)
    Artículo 83. El ejercicio de la patria potestad corresponde a ambos padres, conjuntamente.
    Pudiera ser que la autora del artículo de marrras haya confundido, de manera no intencional, dos categorías jurídicas diferentes en cuanto a contenido y alcance: patria potestad y guarda y cuidado de los hijos menores.
    En lo tocante a esta segunda categoría: guarda y cuidado de los hijos menores, la regulación es similar, con la sola excepción de que se preferirá a la madre como única depositaria de la custodia, cuanto al momento de producirse el divorcio, el menor (o los menores) se hallaren vivendo en compañía de ambos progenitores. Véase:
    Sección Segunda (De la guarda y cuidado y régimen de comunicación entre padres e hijos)
    Artículo 88. Respecto a la guarda y cuidado de los hijos, se estará al acuerdo de los padres, cuando estos no vivieren juntos.
    Articulo 89. De no mediar acuerdo de los padres… la cuestión se decidirá por el tribunal competente, que se guiará para resolverla, únicamente, por lo que resulte más beneficioso para los menores. En igualdad de condiciones, se atenderá, como regla general, a que los hijos queden al cuidado del padre en cuya compañía se hayan encontrado hasta el momento de producirse el desacuerdo, prefiriendo a la madre se se hallaba en compañía de ambos…”.
    A tono con esa “responsabilidad que entraña el ejercicio público de la palabra”, es importante ofrecer a los lectores una información apropiada. En el caso que nos ocupa, lo correcto habría sido afirmar: “Las mujeres en Cuba poseen, junto con los hombres, la patria potestad sobre sus hijos e hjas”.
    Sobre esta última nomenclatura, por cierto, cabe añadir que nuestra legislación vigente no distigue entre hijos e hijas o niños y niñas, sino que se refiere a ambos géneros simplemente como “menores”.
    Una última inquietud relacionada con el artículo: ¿por qué razón un espacio dedicado al debate sobre género se autodenomina “Mirar desde la sospecha”?. En nuestro país los homobres y mujeres gozan de igualdad jurídica, es decir, son titulares de iguales derechos y obligaciones ante la familia, la sociedad y ante la Ley. ¿A quién o a qué habría que mirar desde la sospecha? Donde la Ley no distingue no cabe distinguir.
    Es mi opinión como ciudadano, ya no como profesional del Derecho, que, sea cual sea el tema que se debate, hay que mirarlo de frente, haciendo presunción de buena fe, y nunca desde la duda o la sospecha. Nuestra sociedad sigue siendo machista y patriarcal, es un hecho. Tiene que ver con nuestra formación cultural y nuestras tradiciones religiosas y jurídicas (de raíz española). Esas concepciones obsoletas que menoscaban el derecho inalienable de las mujeres hay que combatirlas y la batalla todavía será larga. Muchos hombres también nos sentimos comprometidos con ello. No creo que nos resulte provechoso que se nos mire desde la sospecha. Sería bueno que un futuro artículo se aborde esta cuestión.
    Espero que mi modesta intervención les haya resultado provechosa.
    Atentamente,
    Lic. Abel Mesa D’Aure
    Abogado.

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