Texto para compartir inquietudes

12 Abr

Mi respuesta a Hay reproches que producen placer, crítica de Anaeli Ibarra sobre el documental Universo Miniatura, Las Caobas del realizador Ernesto Pérez Zambrano

Por Danae C. Diéguez

Anaeli, me dirijo a ti pues acabo de leer tu texto: Hay reproches que producen placer, sobre el documental Universo Miniatura, las caobas; del realizador Ernesto Pérez Zambrano.  No estaba en Cuba en los días de la Muestra, pero conozco ese documental casi desde su gestación, por eso, aunque pensé mucho si escribirte o no, decidí que era preferible darte mis opiniones.

Lo primero que me llama la atención es la relación que haces con el síndrome de la sospecha y el escepticismo: creo que la posibilidad de sospechar es una actitud de activismo intelectual, de mover el pensamiento para cuestionarnos un estado de cosas, por ello para el feminismo la sospecha ha sido el estar alertas sobre un orden de cosas, digamos las estructuras patriarcales y hegemónicas de poder que encorsetan en binarismos sobre los que la cultura occidental ha acomodado y naturalizado su discurso. Tu texto pareciera andar ese camino: caes en la trampa del binarismo, si el documental no asume ciertas estrategias narrativas y discursivas es esto y no aquello.De acuerdo estoy contigo en que ningún documental puede validarse sin una mirada desde la que se devele claramente el punto de vista del realizador/a y claro que la pregunta importante sería qué me quiere decir con esto, cómo aflora la ideología que el texto propone, cuáles son las estrategias discursivas asumidas para entregarnos el tema. Solo que no creo que tu artículo se encargue de desmontarnos el documental de Ernesto -asunto  que hubiese sido importante, pues estoy convencida que es una obra imperfecta en el tempo narrativo, en su propia dramaturgia- decides hacerle una crítica ideológica y no desde el lenguaje cinematográfico y esa lectura que haces se basa en una mirada que según anotas es machista y por lo tanto partes de conceptos relacionados con los temas de género: la división sexual del trabajo, la relación espacio público/privado, los roles de género, entre otros. Por ello,  ahí me detendré.

En tu análisis dices: el compromiso y la declaración del realizador no son eludibles, se expresan a través de las marcas que deja su enunciado. Marcas que reconocemos en los ángulos empleados para encuadrar a los entrevistados, pregunto… ¿cuáles encuadres se usan en el documental que connoten una mirada machista del realizador? ¿Es posible realizar tal aseveración, e interpretar algo así? ¿De dónde parte el referente sígnico para una afirmación como esa?

Continúa tu texto: En el documental los intertítulos, los sonidos y la música, así como los planos que describen la faena de los sujetos representados no confrontan los comentarios ofrecidos por ellos, no contrapuntean o ironizan sus puntos de vista, mas bien los fundamentan. Creo que ahí caes en la trampa de los binarismos. ¿Por qué habría de ser esa la estrategia discursiva  para la denuncia? ¿Sabes cuál es el peligro, sobre todo en un documental como este, en el que sus sujetos son hombres y mujeres del campo? La mirada dominante. Creo que la ética de Ernesto en este documental radica precisamente en no asumir el ojo colonizador y como buen conocedor que es del feminismo y los estudios de género sabe que entender las diferencias en los roles de género y su representación pasa por otros ejes como el de las clases sociales, el de la ubicación geográfica, los espacios, en este caso el rural. ¿Crees tú que la ironización y el contrapunteo sería la ética de la enunciación del realizador? ¿Por qué no piensas que existe una ética del compromiso con la vida de estas personas, por qué no ves que la mirada de Ernesto es  precisamente la del respeto a unos saberes y unas condiciones de vida que él al convivir con ellos/as conoce perfectamente? Eso no quiere decir que apruebe el machismo que existe, todo lo que hace es hacer evidente lo difícil que es cambiar los imaginarios simbólicos, los saberes aprendidos por años y algo que muy bien dices en tu texto: el peso del habitus no se puede eliminar con una simple ley o voluntad legal, hace falta mucho más que eso, y como citas el habitus de Bordieu asumo que en la lectura que has hecho de su texto La dominación masculina hayas encontrado la respuesta a por qué Ernesto no se queda en la superficie de la crítica evidente a partir de estrategias discursivas, que según tú,  serían las que apostarían por una mirada no machista. En su instancia enunciativa, te cito, aparece su mirada cuestionadora desde una sutileza que no sé por qué no has visto: Los estudios de género han demostrado hace rato lo contraproducente que han sido los esencialismos al tratar de insistir en la oposición binaria: las mujeres en el espacio doméstico están relegadas y los hombres en el espacio público van bien. Claro que visto así el mundo está desigual, pero los matices existen y las mujeres han construido culturas de la resistencia  desde los espacios privados y eso el documental lo aborda muy bien, además de demostrar que ha sido un camino para algunas empoderarse sin olvidar el contexto en el que viven estas personas, algo que es sumamente importante para entender no solo las dinámicas internas de la comunidad, sino la tesis del documental. En las clases que imparto de Cine y Género intento siempre en los análisis que hacemos de las representaciones de género no repetir, por oposición, el mismo esquema que cuestionamos.

Hay un momento en el que dices que el realizador quiere demostrar y probar la eficacia del proyecto. No sé qué documental viste, de hecho un documental como este, por encargo, pagado por quienes realizan el proyecto, y que aparezca que aún con una implementación de la estrategia de género como la que hizo el PIAL (conozco este proyecto y te aseguro que es una de las mejores estrategias de transversalización de género en proyectos de desarrollo agrícola local) y que las cosas no hayan cambiado mucho en este aspecto… ¿Te parece una actitud complaciente con el proyecto? De hecho para quienes encargaron el documental fue una revelación muchas de las cosas que ahí se dijeron, pues hizo evidente lo no logrado todavía. Ernesto fue sincero y ético con sus sujetos representados, fue coherente con el tipo de documental que le interesa realizar. Que a nivel de lenguaje lo  haya logrado más o menos, eso es otra cosa, pero tu crítica no apunta a ello sino al complejo tema de las representaciones de género y la mirada y el punto de vista en un documental que dialoga con mujeres y hombres de una zona rural en condiciones de vida en desventaja con nuestra “acomodada” vida de ciudad y que además padecen el tema de la sequía, entre otros muchos.

Te confieso que cuando leí tu texto sentí lo que tantas veces detesto de nuestro ejercicio de la crítica: pedirle al realizador que sea la iglesia católica para que convierta a los indígenas en personas de bien. Eso me lo confirma el título de tu comentario, que sí es irónico, derecho supongo tengas al uso de ello, pero en este caso no puedo compartirlo, precisamente porque su realizador asume el riesgo de la sinceridad, de la honestidad plena con un tema en el que sé cree hasta la médula.

En los últimos años me he dedicado a estudiar la teoría fílmica feminista y hasta hoy todo parece indicar que no basta con echarle mano a dos o tres categorías relacionadas con el tema de género y aplicarlas a una película determinada, pues los propios estudios de género se dinamizan constantemente y el lenguaje cinematográfico carga con una compleja madeja de significaciones que, acompañadas con una teoría y una filosofía como el feminismos(s), son saberes que no cesan de activarse, reconstruirse e interrelacionarse de forma continua, lo que complejiza el análisis pues son disciplinas distantes que se unieron con sus particularidades y categorías específicas. Por eso debemos sospechar siempre y estar alertas, como bien dices, pues sin proponérnoslo asistimos a la reproducción ad infinitum de estereotipos ya superados por las revisiones contemporáneas al tema.

Solo decirte que Ernesto Pérez Zambrano fue mi alumno y cuando casi nadie en el audiovisual joven en la isla se dedicaba a abordar los temas de género, al menos de manera tan consciente, él se graduó con un documental sobre el equipo de pelota femenino. Para ello estudió mucho sobre feminismos, estudios de mujeres, teoría de género; se hizo acompañar en su preparación  por el experto en temas de género Julio Cesar González Pagés, hoy coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades y te puedo asegurar que si alguien es ético y está comprometido con los temas que aborda ese es él. Creo que quienes tenemos la posibilidad de decir nuestros criterios en los medios y otros espacios debemos tener la ética de nuestra palabra, que pasa por el respeto, no al análisis de la obra, sobre la que puedes decir lo que quieras, sino a la persona que está detrás de esta propuesta y el título de tu texto carga con una dosis contraria que no comparto.

Agradezco poder compartir contigo estas inquietudes

Un saludo,

Danae Diéguez

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